El dilema del diseñador

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Prof. Douglas Barahona Meléndez*

Si retrocedemos mentalmente unos veinte años o más, nos daremos cuenta de que la carrera de los diseñadores estaba ligada directamente al trabajo de reproducción de material impreso en las distintas áreas que el mercado de la industria gráfica ofrece. Sin embargo, en la actualidad, esa forma de ver las cosas ha cambiado, debido a la aparición de nuevas tecnologías, las cuales han ido incorporándose en todos los quehaceres y se han vuelto de vital importancia para el desarrollo de los humanos en la sociedad.

Dicho cambio ha constituido motivo de caída para muchas empresas que se dedicaban a la reproducción de revistas y libros, entre otros materiales, que han sido reemplazados por el PDF. Por otra parte, la aparición de las apps da mayores motivos para querer adquirir versiones digitales, sobre todo, porque la mayoría son gratuitas y están disponibles para que el usuario viva toda una experiencia al descargarlas.

 

Durante el proceso de formación, los diseñadores deben enfrentar retos realmente significativos, ya que la nuestra es una carrera muy competitiva y las universidades tienen plena conciencia de esto. Por dicha razón, es importante saber reconocer las diferencias entre los distintos tipos de diseñadores que tiene el mercado para comprender bien cuáles son las funciones que estos pueden tener en una empresa, pues constantemente nos encontramos con diseñadores que no dan la talla, lo cual se puede deber a que no pertenecen a la rama profesional que necesitamos.

 

Un ejemplo muy común: la mayoría de las universidades de este país gradúan diseñadores publicitarios. Estos, por sus funciones, deberían laborar en agencias de publicidad (las cuales están saturadas de este tipo de recurso humano), o bien, en el gobierno, en algún puesto relacionado con imagen institucional; sin embargo, es frecuente llegar a una empresa de impresión y encontrarse diseñadores publicitarios en puestos de trabajo para diseñadores gráficos. Si bien ambos cubren los mismos temas durante una buena parte de su formación profesional, su ámbito de acción no es completamente el mismo.

 

Por ello, es frecuente escuchar a los empleadores quejarse de la formación que les dieron a estos profesionales del diseño, ya que no entienden las especificaciones que ellos les dan para reproducir un trabajo y, por dicha razón, salen mal y se pierde mucho dinero.

Por otra parte, los diseñadores gráficos deben adaptarse y ser multifuncionales puesto que, aquella idea de que ellos solamente podían diseñar para reproducir en los distintos medios de reproducción gráfica, sobre soportes, en nuestra es un solamente un recuerdo prácticamente olvidado.

 

En nuestro país podemos encontrar un interés por el crecimiento de las distintas áreas del diseño, tanto en las universidades como en los colegios. Contamos con 22 colegios técnicos que brindan la especialidad de diseño publicitario y con 11 que imparten la de diseño gráfico.

 

Estos centros, cerca de los meses de julio y agosto, se dan a la tarea de buscar empresas donde sus estudiantes puedan hacer la práctica supervisada durante los meses de octubre y noviembre. Estamos hablando de alrededor de 1.000 estudiantes al año, únicamente a nivel de secundaria. De estos estudiantes, con mucha suerte, la tercera parte encontrarán empleo en departamentos de diseño gráfico y es en este momento cuando se pone difícil el asunto, ya que se revuelven las especialidades, de manera que los de diseño publicitario ocupan los puestos de diseñadores gráficos.

 

¿A qué se debe esto? Al desconocimiento de las estructuras curriculares con las que cuentan ambas especialidades, a la poca o casi nula participación de las empresas en la elaboración del perfil de salida de los estudiantes, ya que buscan contratar jóvenes que ya lo sepan todo, pero sin dar nada a cambio; además, algunas empresas menosprecian el trabajo de estos jóvenes técnicos, debido a la mala fama creada por supuestos diseñadores que han aparecido “de la nada” ofreciéndoles servicios por precios ridículos.

 

Durante el año 2015, realicé una investigación a título personal y, en el contacto con múltiples empresas delas áreas de la publicidad y de la industria gráfica, recibí comentarios reiterativos que causarían preocupación a nivel profesional y personal a cualquiera que, conscientemente, lea este artículo. Menciono a continuación algunos de dichos comentarios:

“No importa si no tiene títulos, con que tenga creatividad basta.”

“Yo lo recibo si es diseñador; que sea de publicidad o gráfico no importa, es lo mismo.”

“Qué importa si estudió o no; si acaso que el trabajo de diseño se cobra; lo que vale es la impresión.”

 

Estas conductas fomentan el malestar entre la comunidad de diseñadores y de empresarios que sí quieren hacer bien las cosas y que cuentan con la mano de obra técnica producida por las instituciones de enseñanza que, de manera seria, ofrecen sus servicios educativos a los jóvenes de nuestro país.

 

Pero afrontamos un fenómeno aún más preocupante: exigir mano de obra técnica especializada sin dar nada a cambio; pretender que un muchacho opere una computadora de última tecnología, con software de punta, que sepa de fotografía y se desenvuelva como todo un profesional con una cámara Réflex, que domine todas las medidas para montaje de trabajos, con sus respectivos márgenes y entradas para pinzas de todas las máquinas del mercado, que opere sin problemas cualquier Plotter que se le presente, que sepa todo sobre flexografía, serigrafía u otros sistemas de reproducción, que conozca todos los parámetros para reproducción de planchas en CTP, que sea un maestro de la animación en 3D o simplemente que sea un artista que domine todas las técnicas de ilustración, cuando algunos de los colegios técnicos no cuentan ni siquiera con aulas para ver la materia y mucho menos con equipo. Es como querer hacer gallo pinto sin arroz ni frijoles.

 

Con el presente artículo busco apelar a la conciencia de todas las empresas que aún no están ayudando a estos colegios para que, con un apoyo, aunque sea mínimo, como ir y recibir una capacitación en el manejo de algún equipo especial, o bien, donar el equipo usado que ya no se va a seguir utilizando porque se actualizó y el equipo viejo solo tiene un año de uso; todavía mejor, si la empresa decide comprar una computadora nueva y regalársela a uno de estos colegios, o bien, pagar el software o ayudar con los insumos.

 

Cualquier acción cuenta y vale para ayudar a crear mejores técnicos. Cuando los jóvenes reciben estas motivaciones, se inspiran y crean un vínculo irrompible con la empresa que los impulsa a lograr sus metas y les permite, en un futuro no muy lejano, afrontar todas las nuevas tendencias del mercado y no dejar que estas constituyan una amenaza para nuestras empresas.

Como educador de diseño gráfico en un centro para jóvenes de riesgo social puedo dar fe y testimonio de que, cuando ayudamos a los jóvenes, nos estamos ayudando a nosotros mismos en el futuro y de que todos recordamos a quien nos cambió la vida para bien.

 

*Diseñador gráfico; dbarahona@glasdigital.net

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